fauno

un coso para bajar línea

La infraestructura no es un problema técnico

Gracias a alf por la lectura y los aportes :)

Me dio síndrome de la escalera y me quedé pensando en lo que me preguntaron hace unas semanas sobre sobre la relación entre infraestructuras autónomas y las redes comunitarias a la que di una no-respuesta, así que ahí va lo que pensé después que podría haber respondido y que es producto de otras miles de discusiones que hemos tenido (así que me siento doblemente nabo además de paracaidista culposo):

La discusión entre infraestructuras autónomas y redes comunitarias es que resulta bastante difícil explicar qué implica una infraestructura autónoma en el contexto de Internet y los servicios en la maldita nube. Y que hablar de infraestructura nos pone en el plano de los fierros y los cables, entonces terminamos amontonadas con las redes comunitarias. Y no nos gusta, no porque no nos gusten las redes comunitarias, sino porque tenemos otras especificidades, otras problemáticas y otros frentes de lucha.

No lidiamos con el espectro, por ejemplo, ni con las telcos, porque son nuestra infraestructura material pero sí estamos en minoría en un ciberespacio cada vez más googleizado/californizado. Vendría a ser la misma lucha, la de la autonomía tecnológica, pero con otros enemigos inmediatos y otras estrategias…

Las infraestructuras autónomas son el entramado tecnológico y colectivo de servidoras que se plantean como espacios contra-hegemónicos dentro del tendido de Internet, es decir como espacios de encuentro y de resistencia, pero también como espacios fractales de micro-centralización.

Las infraestructuras autónomas apuntan a una estrategia de resistencia, de tener alternativas en las grietas de Internet. Que no sea pura nube y que las compañeras que no pueden disfrutar aún de una red comunitaria que sea de todas, puedan navegar Internet como si todavía fuera el ciberespacio que declarábamos independiente pero que ya dejó de serlo.

En esa discusión que hacía referencia nos dimos cuenta que hablar de infraestructuras autónomas venía a ser un mal nombre, que nos planta en el territorio simbólico de la ingeniería y la tecnocracia. Y en un colonialismo técnico que no siempre estamos dispuestas a plantearnos desmantelar y que nace de nuestro afán por implementar la infraestructura hegemónica bajo formas libres. Nosotras preferíamos hablar de vecindarios y hasta ecosistemas digitales y en esa línea tal vez ya no importe tanto si estamos en Internet, la Internet hegemónica con cables interoceánicos y datacenters gigantes y servidores encendidos 24/7, sino también en y desde las redes comunitarias.

Pero también tenemos que darnos una crítica radical de lo que significan los servicios en Internet, empezando por dejar de llamarlos servicios y continuando con desarmar los paradigmas y analogías capitalistas que se cuelan en el discurso de los espacios autónomos. Cuando hablamos de contenedorización, estamos haciendo referencia al proceso de tercerizar la explotación allá por donde no se la ve. Más aún cuando nos dicen que hay que empezar a tratar a las servidoras –esas computadoras que viven en la Internet y que se encargan de que el correo y la web y tantas otras cosas sucedan– como si fueran ganado y que ya no importa cuáles son individuadas, sino cuántas tenemos y si cumplen su función.

Esto que parece una analogía horrible a los ojos de quien viva en un país ganadero y tenga alguna simpatía por la liberación animal o se reconozca antiespecista, adquiere un nivel extra de espanto, ya que se evidencia la intencionalidad de negarnos la posibilidad de establecer otras formas de relacionarnos con las tecnologías y sus dispositivas, lo mismo que con otras animales, ya no como cosas que cumplen una funcionalidad para nosotras (nos dan un servicio o se pudre todo si no lo dan), sino desde los afectos, nosotras queremos hacer el amor con los drones decían por ahí1, pero no sólo eso, sino desde lo doméstico, lo cotidiano…

Esto implica romper con un montón de mecanismos que vienen de la jerga y las prácticas hegemónicas y que parten de la invisibilización de la relación administrador-administradas que se cuaja en la figura del cisadmin2 que odia a las usuarias, porque hacen que todo deje de funcionar, porque no saben, porque al estar a su vez invisibilizado por la necesidad de que todo funcione sin explicitar cómo, solo recibe insultos cuando las cosas precisamente “no funcionan”.

Y para romper con eso tenemos que pensar en que las cosas no tienen que funcionar todo el tiempo, que las máquinas también quieren siesta y quieren ser libres y que a las infraestructuras, de la forma que sean, las construimos entre todas y que esa relación es recíproca, a su vez nos construyen. Eso es algo que tenemos que aprender las infraestructuras autónomas de las redes comunitarias, porque aunque no queramos, rápidamente caemos en la tensión de que las cosas funcionen, sin tiempo para que se sepa cómo ni por qué. No digo que las redes comunitarias no funcionen o lo hagan intermitentemente, sino a que tenemos que aprender que las infraestructuras no tienen que ser solo autónomas y también pensarse comunitarias, para desdibujar la relación administrador-administradas y pararnos desde otras formas de administrar. Así de primera mano, colectivizar los conocimientos técnicos, pensar en vecindarios, traer las prácticas auto y co-gestivas al ciberespacio.

A la vez, tenemos que dejar de correr a la zaga de los servicios capitalistas (tengo esta discusión cada vez que alguien pide una alternativa libre a Google Docs, que inevitablemente quedará corta y todo el mundo odiará, cuando tenemos Etherpad, que es tan placenteramente minimalista y no cuelga computadoras) y aceptar que nunca les vamos a alcanzar, porque estamos haciendo otras cosas. No vamos a ser lo mismo pero libre, pero autónomo, porque eso implica jugar bajo lógicas que nos transforman en el capitalismo heteropatriarcal, aunque buena onda.

No es que lo técnico es neutro, permanece igual pero cambian las manos que lo guían y los nombres que les damos. Necesitamos construir la alternativa libre pensando en prácticas libres. Y esto implica cuestionarnos sobre qué tipos de prácticas nos hacen libres.

Tenemos que pensar desde otras analogías, tenemos que pensar qué analogías serán las nuestras y bajo y con cuales construimos a nuestras amigas las tecnologías y nos construyan a nosotras también.

Para rescatar algo de las infraestructuras autónomas (les sigo diciendo así y no vecindarios/ecosistemas digitales porque no todas se plantean así) como aporte a las redes comunitarias, es que las primeras tienen una fuerte experiencia en el anonimato y la privacidad, porque la resistencia que hacemos todos los días es al proceso de apropiación del trabajo cognitivo, que se traduce en tracking, en publicidad y en Internet no como un ciberespacio independiente, sino como un territorio hostil (como los espacios públicos, según el discurso de la seguridad).

Ahí laburamos desde la autodefensa digital, porque se trata de resistir. (Acá se me ocurre una analogía entre infraestructuras autónomas versus redes comunitarias y resistencias versus autonomismos.) Sin embargo entiendo que son pocas las redes comunitarias que están implementando cifrado en las conexiones (y de hecho no se me ocurre ninguna, espero que por ignorancia), que es el nivel más bajo y más efectivo donde podemos asegurar la inviolabilidad de las comunicaciones.

Pensemos que todo lo que viene después en cuanto a cifrado de protocolos de comunicación (HTTPS para la web, GPG para el correo, etc.) es tan solo un parche horrible, porque todo lo que tuvo que ver con cifrar las comunicaciones a nivel de IP fue tergiversado, complejizado y expelido a otros estándares de forma que nadie lo quiere implementar, incluyendo las redes comunitarias.3

Solo nos hace falta un certificado y una dirección IPv6 para reclamar el ciberespacio como nuestro y distribuido, decían Kleiner4 y Roca5 por separado. En términos más políticos que técnicos, esto permitiría que todas las computadoras se conecten al ciberespacio en pie de igualdad con cualquier otra computadora al tiempo que las comunicaciones que transmitan entre sí no puedan ser violadas por ninguna tercera. A cada quien según su necesidad, de cada quien según su capacidad, en un comunismo kinky cyborg donde los roles servidora-clienta se intercambian permanentemente o de forma menos kinky, en una red que quisiéramos compuesta de nodos en lugar de jerarquías inamovibles y para eso también necesitamos otros ISP y otros anchos de banda.

El abordaje que se plantea desde las tecnologías distribuidas parece el adecuado. La onda es que en lugar de reproducir en chiquito la centralización (en servidoras físicas de distintas escalas, pero servidoras al fin), la distribución asegura que la información circula y reside desde múltiples puntos, que pueden ser intermitentes individualmente, pero que habilitan mayor permanencia colectivamente. Habiendo sufrido la desaparición de la memoria colectiva pirata6 por la centralización en una sola computadora, resulta una estrategia válida.

Pero también me parece interesante un proceso de reapropiación y resignificación de tecnologías que asumimos como centralizadas y que nos podemos plantear como juego exploratorio y no como otro problema a resolver. Pienso en el correo electrónico, que ahora tiene encima un montón de parches hechos a medida de las necesidades de las grandes proveedoras, pero que en sus elementos básicos se trata de un sistema de comunicación entre dispositivas intermitentemente conectadas (no me voy a extender porque ya hice apología de esto en varios lados7). No hay que subestimar el ancho de banda de una compañera cargando DVDs en la mochila (¡una tecno-chaski!) ni el de un cable de red cuando la wifi se encula.

Hace un tiempo nos preguntábamos cómo se vería una criptografía feminista, pero no para resolver el problema, sino para manifestar que hasta las técnicas más pretendidamente neutras incorporan la política de otros8. ¿Cuándo van a tener la nuestra?

El chiste de que las programadoras somos como plomeras es porque nunca nos gusta lo que hizo la anterior. También en esta analogía hay algo de poético, de estilos propios de abordar los desafíos técnicos frente a la (pre)potencia productiva de la taylorización/contenedorización.

Se me ocurren un montón de lecturas para recomendar, algunas propias otras apropiadas:


  1. Decimos revolución

  2. Digo cisadmin y no sysadmin para denotar no solo que es una labor generizada, con una figura mítica fuertemente hosca y masculina sino también autoritaria y violenta y que a partir de ahí podemos pensar otras formas de administrar.

  3. Al parecer, cuentan lxs abuelxs de Internet, cuando quisieron incorporar cifrado punto a punto en el protocolo mismo de Internet, la NSA se preocupó mucho y logró desbarrancar ese esfuerzo promoviendo la creación de un estándar separado que se llama IPSec.

  4. Dmytri Kleiner on the need for IPV6

  5. No encontré la referencia…

  6. Comunicado y llamado a la solidaridad pirata para este domingo

  7. Queríamos libertad en la nube y lo único que conseguimos fue una web más compleja

  8. Debo un artículo sobre los modelos de sociedad que incorporan las criptografías.